El viaje sin regreso

Como la mayoría de las personas, pensaba que hacer autostop era sinónimo de pobreza, sin embargo, no conocía la riqueza que me estaba perdiendo. El “dedo” definitivamente es un viaje que aportará a tu vida momentos inolvidables.

La primera vez que empiezas a armar tu mochila tienes el sentimiento de que algo nuevo se acerca, no sabes lo que es, pero lo único claro es que te vas a detener en un lugar a esperar por ese auto que te llevará y hará viajar.

Las ganas de sentirte vivo aprender y conocer son ilimitadas, ser mejor que ayer o tan solo dejarte llevar y fluir, abrir tu mente y explorar lo nuevo para ti, compartir con la diversidad cultural, enojarse, reír, llorar son desafíos y emociones que no cambiarás por nada en el mundo.

Al comienzo no es fácil, porque detenerse en una carretera con tu mochila y un cartel con el nombre de tu próximo destino en un lugar que no conoces del todo, lo hace parecer complicado, sin embargo, tienes una meta en tú mente, hacer que un auto se detenga.

Y es así, como nos hemos subido en camiones, autos y camionetas sin tener la necesidad de hablar el mismo idioma, solo cuenta una buena actitud, una buena intención y ganas de aprender, porque una vez que te subes al primer auto, nada volverá a ser igual.

Pero, ¿por qué decidimos a hacer dedo?

Cada vez que tomamos un bus o un vuelo existen variables que no te permiten disfrutar del viaje, te quedas dormido, el chofer no se detiene, en el cielo solo ves nubes y oscuridad.

Es hermoso estar sobre el cielo pero luego de un par de horas y de varios vuelos se hace monótono y en un abrir y cerrar de ojos llegas a tu destino.

¿Pero qué paso con lo que hay en el camino? ¿Que hay en el medio? ¿El país se reduce solo a un hotel o a un punto turístico? ¿Qué pasa contigo? Tu alma aún está en el punto de partida, y cuando recién está llegando ya tienes que volver.

Haciendo autostop siempre pasan cosas, una anécdota, algo que contar, se conoce gente nueva, noble y aunque no hablemos el mismo idioma la comunicación no verbal toma protagonismo. Desarrollamos habilidades creativas para explicar lo que queremos o tan solo para compartir una conversación.

Te das cuenta de la capacidad que tenemos los seres humanos para adaptarnos en situaciones difíciles, te conviertes en un niño volviendo al proceso de adaptación, comenzando a aprender algo nuevo.

Si quieres un cambio verdadero, camina distinto. Es una forma de romper los miedos, de quitar las barreras mentales y salir de tu zona de confort, porque durante este viaje te enfrentas con tu peor enemigo pero también te reconcilias con tu mejor aliado, tú mismo.

Porque cuando haces algo que nunca has hecho, comienzas a conocerte, poniendo a prueba tus limites, tú tolerancia, tu forma de ver la vida.

A veces tenemos una imagen que no corresponde a lo que somos o queremos realmente ya que muchas veces es una imagen impuesta por la sociedad, nuestros padres, etc. y dejas de lado a la persona que realmente eres y es algo que un viaje a lo desconocido te trae de vuelta.

Aprendes a conocer el significado real de desapego, porque todo lo que tienes está dentro de tú mochila y esa necesidad ególatra de pertenencia se anula, “es mío, mi casa, yo lo hice, yo lo vi primero” y las peleas absurdas de egos, ya no existen no son necesarias, porque tu prioridad cambia ya no deseas llenar tus bolsillos, porque tu mente y espíritu buscan ganar experiencia.

Los prejuicios o lo que pueda pensar la gente de ti quedan en el olvido, porque sabes y tienes la seguridad de que el cambio que estas teniendo te llevará mucho más lejos que vivir frustrado y en los “algún día”.

Enfrentas nuevos desafíos, tienes un plan, sabes cuál es tu meta y el destino al cual quieres llegar, pero no sabes lo que sucederá “durante”. Lo unico claro es que te tienes que subir a un auto, porque de otra manera no tendrás como llegar, no hay transporte público, sobre todo en lugares alejados, entonces, te enfrentas al miedo, los nervios ¿llegaremos? pasa un auto cada una hora o pasan cientos y ninguno se detiene. Y lo mejor de este momento es que debes mantener tu sonrisa y nunca, nunca debes bajar los brazos, porque si los bajas pierdes la oportunidad de subirte a un posible auto y vivir una experiencia inolvidable.

Durante este largo recorrido nos hemos cruzado con pueblos en donde la gente y los niños te van saludando, te miran de manera extraña, tu piel es distinta, tus ojos son distintos, a vista de ellos.

Se ponen nerviosos y otros se ríen porque llevas una gran mochila en tu espalda, se sorprenden porque estas caminando, muchos se preguntan ¿para qué?, otros se quieren acercar, pero son tímidos, sin embargo, cuando tú los saludas el rostro de ellos cambia, sonríen, te hablan y aunque no entiendas nada te conviertes en un mimo profesional.

A veces toca caminar por horas, horas en que observas a los niños jugar el futbol sin zapatos, a gente celebrando la vida sonriendo y bebiendo en su humilde morada, gente de 70 años trabajando en la tierra con un estado físico envidiablemente saludable, vegetación y paisajes vírgenes que no han sido consumidos por el turismo irresponsable, extraños te invitan a cenar, incluso a quedarse en sus casas porque quieren escuchar historias o porque les parece que somos personajes de una película o porque simplemente se identifican contigo y admiran tu alma aventurera.

Esto es lo que vives cuando te mueves de pueblo en pueblo a través de autostop, generas contacto real contigo y con la gente, no lo que te venden, hablas con extraños, con una cultura que tiene hábitos distintos al tuyo y tu misión es encontrar un punto medio para poder actuar conforme a la cultura que visitas, porque eres tú el extranjero, no ellos.

Desarrollas la tolerancia, los desafíos y personas tan distintas a ti van fortaleciendo tu carácter y tú manera de ver la vida cambia radicalmente.

Comienzas a ser más agradecido por lo que tienes y a su vez a soñar en grande y querer más. Te inspiras y aprendes de gente que con tan poco tienen una creatividad única para sobrevivir, y tú que lo tienes todo, ¿qué has hecho? Y eso es lo que me pregunto cada vez que camino con mi mochila en búsqueda del siguiente auto.

Planificar solo lo necesario, mantener una actitud positiva, con el tiempo tus nervios y carácter se vuelven de acero convirtiéndote en una sonrisa con piernas y mochila, disfrutando a mil por hora el autostop.

Con este recorrido también te das cuenta que el mundo no solo tiene maldad, sino que también está hecho de personas maravillosas. No importa la clase social ni la cantidad de dinero cuando se trata de ayudar, nos hemos subido en diferentes ciudades, desde un BMW,  hasta el pickup de una camioneta con cabras.

Hemos sido parte de una aventura en la vida de la gente que solo se detiene a brindarte una mano y automáticamente se convierten en el grano de arena que engrandece tu alma con lecciones de viaje.

Te vas convirtiendo en una mejor versión de ti mismo, es una transformación interna en la cual comienzas a darte cuenta de lo que realmente vale y lo que no,  porque al final presumir por lo que tienes o eres, no valen de nada si no haz prestado ayuda desinteresada alguna vez, y es justamente esto, que gente en el camino nos ha enseñado indirectamente al detenerse.

Y quiero agradecer a Indonesia, Malasia, Tailandia, Laos, Myanmar porque han sido parte de esta aventura a dedo, hemos conocido gente de distinto color, distinta religión, compartiendo cenas, dulces, alcohol, conversaciones, partidos de futbol, nos han hecho sentir vivos, nos han hecho respirar el aire puro de un lugar poco transitado, nos han hecho saborear el camino y a respirar la experiencia. Nos han hecho conocer el real significado de humildad, algo que no tiene absolutamente nada que ver con pobreza, gracias por el respeto y entrega sin esperar nada a cambio.

Actualmente nos encontramos en Japón esperando de este viaje, un viaje sin regreso, ya lo vivimos y no hay vuelta atrás.

Revisa las aplicaciones que usamos en nuestros viajes en App para viajeros.

 

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